Hablar de neurodivergencia es hablar de diversidad. No se trata de encajar en un molde, sino de reconocer que existen múltiples formas válidas de percibir, procesar y habitar el mundo. Autismo, TDAH o altas capacidades no son “fallos” que corregir, sino perfiles con fortalezas y desafíos propios. Comprender esto no solo cambia la mirada externa, sino también la forma en la que nos relacionamos con nosotras mismas.


